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dimecres, 5 de juny de 2013

Destruir cuesta poco en educación



A raíz de unos comenatrios del presidente del gobierno sobre la nueva Ley LOMCE y que evitará el fracaso escolar quiero comentar que cuesta mucho construir un edificio sólido, bien estructurado, eficiente, pero basta una mala decisión para demolerlo, y después es imposible recomponer los fragmentos y volverlos a pegar. Lo que ahora pretenden ahorrar en educación no bastará para compensar los daños que causará tener un sistema educativo deficiente. Y lo más curioso es que combatir el “fracaso escolar” aparece como una prioridad de los gobiernos, de todos los gobiernos, ¿y cómo será posible con menos recursos y con un profesorado desmotivado? Todo el mundo coincide en que una mejor educación tiene una repercusión clara en la convivencia y en la tolerancia, supone una mayor calidad de vida de los ciudadanos y tiene un impacto evidente en la economía productiva, eso que tanto les preocupa a los que toman decisiones políticas. En un interesante informe de la Unesco[1] encontramos la siguiente frase: “Para mejorar esta situación, es imprescindible que se adopten políticas que propicien la contratación de docentes, que garanticen su situación profesional y que les permitan adquirir una formación de calidad”. Los políticos tienen una rara habilidad, encomiable: consideran hechas las cosas que sólo han sido enunciadas; consideran resuelto un problema sólo porque han dicho que van a abordarlo, sin esperar a comprobar el éxito de las medidas tomadas, sin presentar después informes que avalen esas medidas (un ejemplo es la propuesta de nueva Ley sin diagnóstico previo). En fin, es la paradoja de la política: se quiere obtener una mejor calidad de la educación bajando la inversión, reduciendo la formación permanente y el número de profesores y profesoras, entre otras cosas. 

El primer pensamiento que surge es que la educación no es importante para los políticos, que su fervor a la hora de describir los beneficios de la educación a medio y largo plazo es falso. Lo mismo sucede con sus declaraciones de amor hacia el profesorado, que en realidad sólo oculta la idea de que el profesorado ha vivido hasta ahora en un limbo educativo y que su tiempo se ha acabado. Es el famoso “y ahora verás”, tan típico de nuestras latitudes. En definitiva, ni a la educación ni al profesorado se le da el trato que merecen. Tanto hablar de informes como Pisa, tanto poner como modelo a Finlandia o Corea, tanto esgrimir las estadísticas de la OCDE (que es una institución económica y n oeducativa), del profesorado como activo importante de la sociedad, de la urgencia en reducir el fracaso  y en poco más de un año la excusa de la crisis convierte todo ello en un discurso vacío e irritante. Otros países, algunos de los que los políticos mencionan como ejemplo, evitan reducir la inversión en Educación y en Investigación y Desarrollo. Por alguna cosa será. Aquí recortamos, suprimimos, y seguimos argumentando que no sucederá nada, que mantendremos la calidad de la enseñanza, que es lo mismo que decir que antes dilapidábamos los recursos. ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué papel queremos interpretar en el siglo XXI?
 
Ante tanto despropósito, los más afectados serán los alumnos en situación de riego social, inmigrantes recién llegados, miembros de las clases más desfavorecidas, la mayoría de los cuales se concentra en la escuela pública. Si se reduce la inversión en educación, a medio plazo aumentará la pobreza económica y social, el desempleo y la marginación. Si el “gasto” por alumno baja y se reduce la plantilla del profesorado en los centros (y más en zonas de renta baja) aumentará el fracaso escolar por mucho que el profesorado se esfuerce.



[1] Realizado por el Instituto de Estadísticas de la UNESCO (UIS) bajo el título “Maestros y la calidad de la Educación: evaluación de las necesidades globales para el año 2015”. El informe apunta que serán necesarios 18 millones más de docentes en la próxima década para alcanzar el compromiso de que los niños crezcan alfabetizados, tal y como se postula en los Objetivos de Desarrollo del Milenio. El informe evalúa como la cantidad de profesores afecta a la calidad de la educación y explora vías para que los países en desarrollo mejoren el acceso universal a la educación primaria, uno de los principales Objetivos de Desarrollo del Milenio.

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