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dilluns, 18 de març de 2013



A raíz del debate de la mala preparación del profesorado de infantil y primaria no podemos evitar pensar que en los últimos años podemos detectar la falta de conciencia de las autoridades educativas de nuestro país  sobre la importancia de la formación inicial del profesorado de educación infantil y de primaria (no aparece ni en las criticadas leyes futuras). Persistir en esta actitud implica caer en el peligro de una degeneración profesional de estos estudios manteniendo el ya crónico bajo concepto profesional y social.
Los gobernantes de diversos países europeos se lamentan que los candidatos a profesores no reúnen las condiciones necesarias ni asumen la responsabilidad que deberían tener, pero paradójicamente en lugar de establecer los criterios de mejora de esa profesión la reducen a una profesión secundaria, incluso en relación con otras profesiones de servicio social.
Hay una gran disparidad de criterios sobre la formación inicial de los profesores de educación infantil y primaria. En algunos países, entre ellos el nuestro, prevalece la mentalidad de que la educación de los más pequeños requiere una menor formación (actualmente hablan de etapa asistencial la etapa de los más pequeños). La ignorancia de los avances de las Ciencias de la Educación respecto a la importancia de la educación de los más pequeños hace que los países la regulen con criterios atrasados y obsoletos, infravalorando la formación de esos profesionales. Un país que no se preocupa de la formación de sus maestros es un país condenado a una mala educación.

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