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dimarts, 2 d’abril de 2013



A favor de la educación pública
 
El reto de la educación pública  es cómo establecer procesos de revisión y de cambio en el interior de las instituciones educativas, de su cultura organizacional, de su metodología, para que proporcionen a los ciudadanos y ciudadanas  las capacidades que les permitan comprender e interpretar la realidad, realizar una lectura crítica de los acontecimientos y del entorno comunitario. La educación pública debe ser capaz de proporcionar elementos para alcanzar una mayor independencia de juicio, de deliberación y de diálogo constructivo. Debe ser capaz de ayudar a transformar las relaciones de las personas con las nuevas sensibilidades (intercultural, medioambiental, solidaria, igualitaria…) que van impregnando la sociedad actual y ayudar a no ser vulnerables al entorno político, económico y social. Y la educación puede ayudar a conseguir ese objetivo de forma substancial.

En esa educación pública se engloban todos los elementos curriculares de la educación de valores y los contenidos curriculares rigurosos  que promueven unas estructuras cognitivas, emocionales y éticas de la educación, al margen de misticismos caducos o patriotismos trasnochados. Lo que históricamente se ha dado en llamar el desarrollo de una educación integral y que aunque hoy día no esté de moda es un calificativo a reivindicar. Es posible que en el futuro las áreas curriculares tradicionales puedan ser asumidas por otros medios paralelos a la institución educativa y que a ésta le quede, como valor específico, enseñar las nuevas ciudadanías y la democracia, ya que será muy difícil que puedan enseñarse y aprenderse en otros foros y menos por Internet (hasta ahora). Es un desafío muy importante para la educación  pública del futuro, y para el futuro de la educación, que se depositará en manos de los educadores que han de asumir esa conciencia de lo público y de qué representa trabajar para ello.
 
La educación pública  ha de pretender  desarrollar  a aprender a vivir juntos para la construcción de una verdadera democracia. Ser ciudadano o ciudadana es un proceso que se puede generar a través de la educación y la cultura y, por tanto, a ser ciudadano o ciudadana se aprende y por tanto, puede ser enseñado. Y eso lo hemos de continuar defendiendo.

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