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diumenge, 9 de febrer de 2014



La enseñanza pública es necesaria en y para una sociedad democrática


De la Wikipidea: Se denomina Educación pública al sistema nacional educativo de cada país, que, por lo general, comprende la planificación, supervisión o ejecución directa de planes de estudio y educación escolarizada de diversos niveles académicos siendo preeminente la realización de los niveles que la Norma jurídica considere obligatorios, consistiendo por lo general en la educación primaria, no obstante, ello no excluye a niveles superiores que no se consideren obligatorios.
El objetivo de la educación pública es la accesibilidad de toda la población a la educación, y generar niveles de instrucción deseables para la obtención de una ventaja competitiva.
La educación pública se ofrece a los niños del público en general por el gobierno, ya sea nacional, regional o local, siempre por una institución de gobierno civil, y pagado, en todo o en parte, por los impuestos. El término "educación pública" no es sinónimo de "enseñanza pública".
La financiación de las escuelas públicas, por otro lado, es proporcionada por los ingresos fiscales, de manera que incluso personas que no asisten a la escuela (o cuyos dependientes no asisten a la escuela), ayudarán a garantizar que la sociedad sea educada.

  1. Introducción
La extensión de la escolarización democrática de los pueblos mediante la educación pública ha sido, y aún lo es, una gran conquista social no exenta de conflictos. Pero todavía no ha sido alcanzado para todos los niños ni niñas en muchos países, son cientos de millones los niños y niñas que no pueden ejercer su derecho a una escolaridad sistemática y continuada hasta la adolescencia. Es un bien precioso que hemos de continuar reivindicando con todas las fuerzas y medios a nuestro alcance. No basta con declaraciones de milenios ni similares que normalmente no se cumplen.  Esa escolarización pública y gratuita es la que permite que yo ejerza un derecho importante en este momento, el de la comunicación  mediante la escritura en este texto, y el que ejercita el lector, el de la comunicación mediante la lectura. Dotar a los pueblos de la palabra (de la escritura y de la lectura, como metáfora) es importante para su desarrollo y salir de la pobreza endémica, aunque no es suficiente, es necesario además que dispongan de espacios donde ejercer la práctica política, como ciudadanos y ciudadanas, en su propia defensa. Y eso es uno de los pilares de la educación pública: hacer ciudadanos no únicamente educados o cultos sino democráticos. La democracia tiene un pilar fundamental en la educación pública.

Circula en la sociedad occidental un discurso grandilocuente sobre la velocidad de vértigo de los cambios sociales, impulsado tanto por los vientos de las tecnologías de la información y de la comunicación como por el desplome del muro de Berlín y el nuevo orden (o desorden) mundial, sobre todo económico. Paradójicamente, el cambio es lo único que podemos considerar estable. Y podemos comprobar que en parte es cierto. Pero sólo en parte ya que las diferencias entre el primer y el tercer y cuarto mundo son cada vez más abismales (y cada vez más al lado de nuestra vivienda), y determinados principios sociales y políticos de sometimiento y control se han reforzado. Hay gobernantes que nunca han creído en la educación pública considerándola de baja calidad, destinada para el pueblo raso y a los futuribles  a ser mandados.

De tanto cambio como se publicita deberíamos extraer aquéllos evidentes que han penetrado, directa o indirectamente, voluntaria o forzosamente, incisiva o intensamente, en las relaciones más directas entre los humanos y que influirán en los aspectos educativos públicos. Podríamos destacar la globalización o mundialización, no únicamente de la economía; el incremento de las desigualdades que en lugar de menguar, aumentan; las innovaciones provocadas por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación provocando brechas digitales con un nuevo analfabetismo que está generando; los nuevos horizontes en la investigación científica básica y aplicada; las diferencias funcionales y complejas de la sociedad/estado rompiendo la estabilidad familiar y social del mundo moderno (en diversos campos como la educación, economía, familia, política…). Todos ellos, y seguramente muchos más que no vienen al caso, comportan que muchas personas, entre ellas los educadores públicos como constructores de futuro de la democracia, pierdan parte de su identidad estable y asuman, por convicción o desconcierto, una racionalidad basada en la lógica del proceso de competitividad e individualización. Esos cambios han roto viejos esquemas y seguro que recompondrán una nueva trama social, pero de momento generan en todos nosotros una gran incertidumbre y más si los que nos gobiernan ejercen ideas neoconservadoras y de privilegio de las élites. ¿A dónde va la educación y por ende la escuela pública? Empecemos por los orígenes.
  1. Nacimiento de la educación  pública
Si nos centramos en Europa y no entramos en cuestiones concretas de remontarnos a la historia detallando países como Persia, China, India, Egipto o del lejano oriente, se considera en general la revolución francesa como el nacimiento real  de la escuela pública. La mayoría de autores sitúan dos momentos: uno en el francés Condorcet que  integró el Comité de Instrucción Pública creado por la Asamblea Legislativa de Francia y  que en 1792, escribió  Informe y proyecto de decreto para la organización general de la instrucción pública. En el texto de Condorcet encontramos los principios iniciales de la escuela pública aún vigentes:
-        La laicidad del currículum.
-        Educar ciudadanos autónomos.
-        Educar a todo y en todas las edades.
-        La separación escuela-iglesias-poderes.
-        La igualdad en el acceso a la educación de hombres y mujeres.
-        El no sectarismo de las minorías.
El segundo origen lo encontramos   en 1763 cuando se publica  el Essai d’education nationale de Louis Rene de la Chalotais.  En el texto venía a decir que no podía ser que la enseñanza estuviera en manos de la Iglesia (no nos engañemos: con la idea del clero de alfabetizar para leer los textos sagrados no para aumentar su cultura social del pueblo)  y que era necesario que el Estado se ocupara de sus ciudadanos creando un Ministerio  y fueran educados no por religiosos sino por laicos. Y esas ideas, apoyadas por los regímenes políticos del momento,  se fueron extendiendo por todo Europa (España fue una excepción en este momento por las ideas conservadoras predominantes) sobre todo con la fuerte reacción popular de acabar con el sectarismo y adoctrinamiento imperante de la Iglesia o también por la introducción de la necesidad de la educación de minorías como en Italia en el renacimiento  a través de las ideas humanistas de Erasmo de Rótterdam, Montaigne o aquí más tarde Luís Vives. Fueron las minorías que crearon una educación secundaria (sobre todo los calvinistas y luteranos) y  fundaron universidades. Pero, por supuesto, aún no era para todos y todas y también había una finalidad interesada en el nacimiento del mundo capitalista.
Pero a pesar de un precario nacimiento de la educación pública se empieza lo que ha venido a llamarse una educación (bueno en aquella época más instrucción) pública y general. O sea para todos.
Si tuviéramos que buscar un precedente anterior encontraríamos a un religioso: Comenio.  Este obispo escribió  en 1632 un libro Didáctica magna donde resaltaba el valor de una educación universal. Es conocida su frase de la página inicial del libro: Enseñar a través de todas las cosas a todos los hombres. Algunos autores consideran que ese es el nacimiento de la escuela pública por las propuestas de Comenio. Pero su plasmación en la realidad no fue como Comenio predicaba. Aún faltarían siglos para que se cumpliera su famosa frase.
Pero como este texto no tiene la pretensión de analizar el nacimiento de la educación y la  escuela pública en su contexto histórico sino situar brevemente los orígenes para entender el proceso posterior, únicamente  decir  que la educación pública empieza cuando se van originando los estados como los conocemos hoy día desapareciendo el absolutismo  (personajes escogidos por Dios según ellos y la Ley) y ganando las repúblicas (existe relación entre escuela pública- república y democracia) ya que se necesita más conocimiento para las nuevas formas de producción capitalista y hay una demanda de mayor igualdad en la población. O sea no nace para la igualdad sino para mejorar la instrucción en un mundo capitalista que necesita mano de obra más instruida. Será posteriormente cuando asumirá ese papel de garante de lo público, de lo que es de todos y para todos, de abogar por  una educación pública no clasista ni segregadora para promocionar y defender la democracia de los pueblos.
En fin si consideramos el pistoletazo inicial en  la revolución francesa podemos argumentar que quiso romper la estructura de una educación dirigida a la burguesía y al personal religioso. Aunque hasta hoy día no es así en todos los países (no quiero entrar en la degradación de la escuela pública en España durante la dictadura y por si alguien lo confunde, en aquella época se hablaba de escuela estatal y no tanto pública, que no es lo mismo).
  1. La escuela pública hoy
En estos últimos años, y seguirá siendo así en un futuro próximo, los cambios han sido tan rápidos y tan abruptos que, no únicamente han desorientado a muchas personas, entre ellos los educadores, e incluso les han generado un cierto desamparo, sino que han provocado una brecha desconcertante entre aquello que es objeto de la educación pública y lo que realmente debería ser objeto de esa educación. El hecho es que esos cambios han generado la aparición de nuevos entornos sociales y educacionales y, añádase, unas políticas educativas neoliberales o lo que se ha venido a llamar la modernización conservadora que más bien se imponen, sin aceptar negociaciones, y han provocado que muchos educadores se hayan replegado a sus tradiciones, a su orden seguro, estableciendo barreras impermeables a la nueva situación, o exigiendo volver al hábitat cultural donde tan a gusto se encontraban. Y eso puede ir hundiendo poco a poco la escuela pública.
De ahí que sea comprensible y necesario, una construcción de barreras de reivindicaciones educativas sobre lo público, sin construir trincheras muy profundas, ya que nos jugamos un futuro democrático y participativo de hombres y mujeres libres, y que en lugar de replegarnos en las viejas ideas y concepciones del pasado hemos de luchar con nosotros mismos y con los otros para comprender, interpretar y construir, desde nuestro puesto, una educación pública diferente. Para ello hay que buscar nuevos referentes que nos permitan una nueva organización y una nueva metodología de trabajo en la educación pública ya que la que ha estado en funcionamiento durante tantos años, aunque  fuera útil en una época, hoy día resulta un poco obsoleta. Sin esos referentes es imposible apuntalar alternativas y es fácil, ante el desánimo, volver a referentes conocidos (o sea a la rutina y a la degradación). Una nueva visión de la educación pública es necesaria para ir construyendo una nueva educación.

Las vicisitudes sociales y políticas del siglo pasado, el siglo XX, repercutieron en una gran desideologización. Entre otras, una de sus consecuencias es el cuestionamiento de todo lo relacionado con lo público (apoyado por ciertas ideologías imperantes), desdibujando la frontera con lo privado que aparecía tan nítida en la modernidad nacida como decía anteriormente de la revolución francesa. Hoy día, para demasiadas personas, se ha difuminado la identificación con una determinada ideología y eso es muy peligroso. El referente ya no es el partido o el sindicato, y la realidad social refleja una mayor complejidad inabarcable con la mera adscripción a una determinada ideología de partido. Este hecho comporta un gran peligro para la educación y la institución educativa: caer en la falta de compromiso y acabar asumiendo las contradicciones que existen entre el mundo real y el enseñado como algo inevitable. En un determinismo que el mundo funciona así. Paolo Freire (1993) decía: La afirmación que las cosas no pueden ser de otro modo es odiosamente fatalista pues decreta que la felicidad pertenece solamente al que tiene poder. Y tenía toda la razón. Y todavía más, también la educación pública  puede formar parte de un escenario educativo donde predomine la lógica del mercado, con sus intereses economicistas (cliente y no ciudadano), y de rendimiento cuantitativo (vales según consumes); y donde se recupere, con cierta normalidad, la vieja concepción de la neutralidad del aparato educativo, sabiendo como sabemos que no existe ni es posible tal neutralidad en el campo educativo. Una supuesta neutralidad que además tiende a beneficiar a unas determinadas ideologías no comprometidas con el cambio social en detrimento de la mayoría de la población y que es un argumento para que las clases dirigentes o pudientes puedan escoger escuela mientras los que no puedan se limiten a lo público. Lo podemos ver actualmente en las declaraciones de representantes políticos conservadores.

Por contra, enfrentándose a esa realidad, van surgiendo nuevos intereses, nuevos actores sociales y formas distintas de analizar los contextos sociales que se concretan a través de movimientos, grupos, encuentros, comunidades, ONG, que empiezan a perfilar un nuevo discurso democrático donde la educación pública tiene de nuevo una gran implicación, vuelve a ser un instrumento para extender y profundizar ese discurso democrático. Es una nueva ideología que busca ser escuchada, que quiere participar, que sabe crear redes y saltar por encima de las fronteras. La educación pública se inscribe en ella sin abandonar ciertos principios ideológicos de la tradición de lucha por una democracia real, y también por una institución educativa integradora, no segregadora y laica.

Por otra parte, tampoco partimos de cero. Disponemos de muchas experiencias educativas, y desde hace tiempo, experiencias que van mostrando que la construcción de una nueva educación pública se realiza partiendo de lo que se tiene y proyectando la reflexión, las ideas y las acciones hacia el futuro.

El reto de la educación pública y es cómo establecer procesos de revisión y de cambio en el interior de las instituciones educativas, de su cultura organizacional, de su metodología, para que proporcionen a los ciudadanos y ciudadanas  las capacidades que les permitan comprender e interpretar la realidad, realizar una lectura crítica de los acontecimientos y del entorno comunitario. La educación pública debe ser capaz de proporcionar elementos para alcanzar una mayor independencia de juicio, de deliberación y de diálogo constructivo. Debe ser capaz de ayudar a transformar las relaciones de las personas con las nuevas sensibilidades (intercultural, medioambiental, solidaria, igualitaria…) que van impregnando la sociedad actual y ayudar a no ser vulnerables al entorno político, económico y social. Y la educación puede ayudar a conseguir ese objetivo de forma substancial.

En esa educación pública se engloban todos los elementos curriculares de la educación de valores y los contenidos curriculares rigurosos  que promueven unas estructuras cognitivas, emocionales y éticas de la educación, al margen de misticismos caducos o patriotismos trasnochados. Lo que históricamente se ha dado en llamar el desarrollo de una educación integral y que aunque hoy día no esté de moda es un calificativo a reivindicar. Es posible que en el futuro las áreas curriculares tradicionales puedan ser asumidas por otros medios paralelos a la institución educativa y que a ésta le quede, como valor específico, enseñar las nuevas ciudadanías y la democracia, ya que será muy difícil que puedan enseñarse y aprenderse en otros foros y menos por Internet (hasta ahora). Es un desafío muy importante para la educación  pública del futuro, y para el futuro de la educación, que se depositará en manos de los educadores que han de asumir esa conciencia de lo público y de qué representa trabajar para ello.
La educación pública  ha de pretender  desarrollar  a aprender a vivir juntos para la construcción de una verdadera democracia. Ser ciudadano o ciudadana es un proceso que se puede generar a través de la educación y la cultura y, por tanto, a ser ciudadano o ciudadana se aprende y por tanto, puede ser enseñado. Ciudadanía viene de ciudad y “el derecho a la ciudad se manifiesta como forma superior de los derechos: El derecho a la libertad, a la individuación en la socialización, al hábitat y el habitar. El derecho a la obra (a la actividad participante) y el derecho a la apropiación (muy diferente al derecho de la propiedad), están imbricados en el derecho a la ciudad”  (Lefebvre, 1968). El derecho a la ciudadanía (a la ciudad)  representa el derecho a la libertad, a la democracia, a una nueva manera de vivir el sistema social. Y eso hace la educación pública sin adoctrinamiento partidista, sin exclusión pero con pasión.
3. Algunas de las características de la educación pública que ha defender la escuela pública
Para acabar este texto no podemos hacerlo sin hacer mención de las características de la educación púbica y que la escuela pública debe pregonar y los ciudadanos defender y más en esta época de una creciente desregulación del Estado con una lógica de mercado y un neoliberalismo[1] ideológico complementado con un neoconservadurismo[2]  o modernización conservadora como dice Appel (2002) que va impregnando el pensamiento educativo y muchas políticas gubernamentales. ¿Y qué aspectos hemos de continuar defendiendo?
a.      El derecho de todos los niños y niñas a la educación, a la enseñanza universal gratuita. Una escuela inclusiva y no segregadora.

El que cada vez más niños y niñas empezaran a ir a la escuela para recibir las primeras letras y los primeros números supuso un gran adelanto social respecto a tiempos pasados, y a lo largo del siglo XX fue capital para configurar un nuevo modelo de sociedad y un progreso de la humanidad en aquellos países que lo fueron consiguiendo. También significó la proliferación de escuelas y la consolidación y el avance de los saberes y procesos pedagógicos que se habían ido gestando en el siglo XVIII y XIX. Pero aún en pleno siglo XXI encontramos muchas deficiencias. Hoy día  encontramos:

• Casi 9 millones de niños mueren cada año antes de cumplir los 5 años
• 2 millones de niños están infectados con el VIH
• 215 millones de niños deben trabajar para sobrevivir. Algunos lo hacen en condiciones extremas.
• 18 millones de niños sufren los efectos de los desplazamientos forzosos
• 14 millones de niñas son madres antes de cumplir los 19 años. 75 millones de niñas en todo el mundo no van a la escuela y una de cada tres no continúa sus estudios de educación secundaria.
• Unos 300.000 niños son utilizados como soldados. De ellos, 120.000 son niñas, quienes, además, deben servir de esclavas sexuales. http://www.mansunides.org/es/noticia/derechos-que-amparan-infancia-se-incumplen-sistematicamente?gclid=CLPe39r_ga8CFcYntAodzE743g (consultado octubre 2012).

El último informe de seguimiento de la Educación para todos (EPT) que acaba de hacer público la Unesco nos dice que hay en el planeta 61 millones de niños y niñas sin acceso a la escuela primaria universal.
Ello indica que hay mucho que avanzar todavía. Los principios básicos de obligatoriedad, gratuidad, equidad  e inclusión que partiendo del respeto y la valoración de la diversidad cultural, incrementa la equidad educativa y social, para educar en la superación de  la exclusión de todo tipo, y educar en la justicia social aún está por conseguir. Y todo ello son pilares fundamentales en la escuela pública. Cualquier tipo de segregación sea temprana o tardía (niño-niñas,  normales-no normales, inteligente-no inteligentes, segregación temprana de estudios secundarios,  etc.…) no han de formar parte del patrimonio de la educación pública. Y eso se ha de defender hasta la médula.

b.     La autonomía del profesorado.

Es cierto que en la escuela pública el profesorado es funcionario o sea trabajador del Estado. Él es su empleador. Pero ello no indica que haya de seguir la reproducción de la ideología dominante. Cierto que  uno de los motivos de la escuela pública ha sido muchas veces ser reproductora de la ideología de los regímenes pero esa función no debe existir cuando se implanta la democracia aunque el Estado continua utilizando mediante medios organizativos y curriculares un control de la educación.  El profesorado debe tener la capacidad de generar conocimiento pedagógico no mediatizado por los poderes y la autonomía compartida para que no sea vulnerable al entorno político, económico y social. Es cierto que cuando más vulnerable es el profesorado más manipulable es por los poderes políticos, económicos y sociales. De ahí la reivindicación de una autonomía del profesorado que evite esa manipulación.

Esta autonomía del trabajador público del conocimiento amplía el grado de responsabilidad y de autonomía de los profesionales en su gestión educativa y destaca el papel activo que también posee con el propio alumnado y la comunidad en la regulación de los intercambios educativos, así como los parámetros de referencia bajo los que actúan: el tiempo, los espacios, las normas, sus referentes y los estilos didácticos. La autonomía del profesorado y la participación del colectivo de profesores y profesoras y del alumnado conjuntamente con la comunidad que envuelve la escuela son factores importantes para una gestión transparente y democrática y un importante ejemplo para los ciudadanos a formar.

c.      La regulación de normas democráticamente más allá del partido gobernante de turno

El rechazo de muchos docentes a la reforma educativa (¡y hemos tenido tantas en tan pocos años!) se debe a esa falta de sensibilidad (como mínimo) de contar con aquellos que van a llevar a cabo los cambios (el profesorado) o comprobar la corrupción ideológica de quienes lo promueven más pendientes de contentar a sus partidarios que al resto de ciudadanos  y ciudadanas. O desde otro punto de vista, por querer realizar los cambios sin afrontar la consulta democrática y más de los que intervienen en la educación. Que son todos y todas los que trabajan en la educación pública.
Cualquier innovación que se pretenda llevar a cabo por un gobierno democrático no puede "negligir" tampoco las relaciones laborales del profesorado con la Administración educativa correspondiente, ni la adecuación del profesorado dentro del Sistema público. Y significa establecer un desarrollo profesional del trabajador público que le estimule a continuar luchando por los principios de la democracia y no por los intereses partidistas. Y eso ahora se está degenerando ya que las condiciones laborales son cada vez más deficitarias.
Nadie debería dudar  de que cualquier reforma de la estructura y del currículum del Sistema Educativo ‑y su innovación cuantitativa y  cualitativa, sobre todo esta última‑ ha de contar con el apoyo del profesorado y con su actitud positiva de cara a capacitarse en los cambios. En cualquier transformación educativa, el profesorado ha de poder constatar no únicamente un perfeccionamiento de  la formación de sus alumnos y del Sistema Educativo en general,  sino que también ha de percibir un beneficio profesional en su desarrollo profesional. Esta percepción/implicación será un estímulo para llevar a la práctica lo que las nuevas situaciones demandan. Este es un aspecto fundamental, al menos para aquellos que consideramos al profesorado como la pieza fundamental de cualquier proceso que  pretenda una innovación real de los elementos del Sistema Educativo público, ya que son  ellos, en primer y último término, los ejecutores de las propuestas educativas, los que ejercen su profesión en escuelas concretas, enmarcadas en territorios con necesidades y problemáticas específicas.  Y no al contrario, verlo como un vago, como un enemigo, como un irresponsable y que dedica el tiempo a memeces y a perder el tiempo.

d.     Rigor curricular tanto en los contenidos de calidad como en su laicidad.

La calidad en la educación ha de ser definida por los ojos del grado de satisfacción de la comunidad educativa y no únicamente como respuesta a la demanda social o del mercado. La calidad en el campo educativo se debería analizar desde la consciencia de qué y cómo el alumnado aprende en el proceso de enseñanza-aprendizaje mediado por un profesorado y su contexto, pero a diferencia de posturas conservadores enmascaradas en visiones progresistas de la enseñanza  que introducen indicadores de rendimiento o protocolos de diagnóstico cerrados para comprobar la calidad de un proceso (y repito con un modo muy particular de ver la educación “para todos”), veo la calidad como una tendencia, como una trayectoria, como un proceso de construcción de un proyecto continuo y no como un conjunto de evaluaciones que hay que superar como trabas en la educación para acomodarla no tanto a la mejora sino a los informes internacionales. O sea, no como un producto al cual se le concede una nota o un baremo que se arreglará interviniendo en ellos (y a veces contra ellos). Las reválidas, las evaluaciones constantes no indican únicamente un control externo para mejorar la calidad sino una desconfianza del sector público y una derivación al intento de desmoronamiento de todo lo que sea público como falto de calidad y que se ha de vigilar ya que existe una desconfianza de lo que se enseña.
La calidad de una escuela dependerá de la calidad de los alumnos a través de sus contribuciones a la sociedad, a la calidad de lo que se ha aprendido y la forma de aprenderlo. La calidad no está únicamente en el contenido de cosas a aprender (matemáticas, lengua, comprensión lectora…) sino en la interactividad del proceso, la dinámica del grupo, la solidaridad entre ellos, el respeto a los demás, el uso de las actividades que propician aprendizajes relevantes, el estilo del  profesor/a, el material que se hace servir y si genera ciudadanos y ciudadanas que participan democráticamente en el progreso de la humanidad. De ahí que el concepto de calidad es eminentemente ideológico no técnico como algunos pretenden.  He ahí el problema y la solución. Y la calidad empieza dando educación para todos los ciudadanos por igual.
Y el currículum ha de estar impregnado de laicismo (o laicidad sin entrar en disputas terminológicas) como respeto a todos los cultos y religiones pero sin imponer una  visión dominante de una en concreto. La laicidad es un tema transversal en las escuelas públicas ya que ha de estar presente en el edificio (símbolos) como en las actitudes del profesorado (lenguaje, respetos, etc.) y  en los procesos de enseñanza aprendizaje.

e.      Fortalecer las ciudadanías

El factor de la diversidad o inclusión y la contextualización para evitar uniformizar  son elementos imprescindibles en la educación pública (la preocupación por las ciudadanías, el medio ambiente, la diversidad, la tolerancia, etc.), Creo, desde mi punto de vista, que estos dos elementos: la diversidad y la contextualización nos permiten ver la  educación desde otra mirada y provocan reflexiones diferentes sobre qué hacer en las políticas y prácticas públicas de educación. Y todo ello para que la escuela pública sea capaz de desarrollar nuevas ciudadanías:

La ciudadanía democrática. La educación para la democracia nos permite analizar qué democracia es la que deseamos para la ciudadanía y reflexionar sobre si debemos, y cómo, reinventar la democracia día a día. En esta ciudadanía, la cultura de la paz, la justicia social en un proceso democrático, la formación cívica o el pluralismo serán fundamentales en esa constante recreación de la democracia.
La ciudadanía social. La educación para la solidaridad nos permite, en este mundo lleno de exclusión social y discriminación, intentar crear una nueva conciencia social de los ciudadanos y ciudadanas donde tenga cabida una diversidad del “nosotros”.  No se trata únicamente de introducir elementos curriculares sobre la base de discursos retóricos si no de incorporar el compromiso, de la educación y de aquellos que la protagonizan en las escuelas públicas, de luchar contra la pobreza, contra la exclusión social, contra todo tipo de discriminación y a favor de la comunicación entre las identidades. Educar es comunicar. Hay que desarrollar mecanismos de comunicación que permitan construir nuevos imaginarios sociales que ayuden a una mayor participación, trabajo y proyectos en común entre las personas.

La ciudadanía paritaria. La educación para la igualdad. Es la creación de una realidad que se vive con el otro y que permite a todo ciudadano o ciudadana luchar contra la desigualdad, y a intervenir para que no se produzca. Es por supuesto el derecho de todos a acceder a la cultura, a la educación, a llevar una vida mejor.

La ciudadanía intercultural. La educación intercultural es la convivencia en cualquier tipo de diversidad. Hoy día existen múltiples figuras de la diversidad  muchas de ellas, son incomprendidas en la actual estructura social. El respeto a la identidad en la diversidad, la confluencia de diferencias y el diálogo constructivo entre culturas para conseguir unos derechos colectivos para todos, y no sólo de una minoría o mayoría étnica, de sexo, de religión, etc. Desarrollar, desde la diversidad individual y social, una visión pluralista, una expresión de particularidades y diferencias, requiere del trabajo educativo.
La ciudadanía ambiental. La educación ambiental es necesaria en un planeta donde no ha habido respeto por la naturaleza. La humanidad, a través de todos los medios, necesita reencontrarse con la naturaleza, crear una nueva ética de relación con ella. La  educación puede ser muy útil en la lucha por el desarrollo sostenible.

Todo ello nos ha de llevar a una nueva ética de la comunicación y el diálogo entendido éste como el reconocimiento del otro, y a un redimensionamiento o reconfiguración de la educación mediante proyectos comunes alternativos donde todos los protagonistas de la educación tengan experiencias democráticas, de autoreflexión y de autoestima.

Y para desarrollar todo ello el Estado debe hacer muchas cosas como  garante de lo público y no únicamente defender estos y otros principios que seguro que me olvido sino también  debería invertir más en la educación pública ya que es el futuro de las naciones, de los ciudadanos responsables y de educar a todo un pueblo en la participación y el respeto a los demás. Tenemos la obligación de continuar  trabajando  y luchando por la permanencia de la educación pública como el Sistema Educativo que garantiza el derecho de la educación de todos y todas, que cubre las necesidades  de la población con eficacia y calidad para que  todos puedan recibir el máximo de oportunidades en todas las facetas de su vida. O sea una educación y una escuela pública que defienda y luche por una  verdadera democracia participativa.


Bibliografía  y referencias bibliográficas

M. W. Apple (2002), Educar “como Dios Manda. Mercados, niveles, religión y desigualdad. Paidós: Barcelona.
Arendt, H. (1997), ¿Qué es política? Barcelona. Paidós.
Delors, J. (coord.)  (1996): La educación encierra un tesoro. Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI. Madrid. Santillana/Unesco.
Freire, P. (1993), Pedagogía de la esperanza. México: Siglo XXI.
Lefebvre, H. (1968), El derecho a la ciudad. Barcelona. Península.
Naranjo, G. (1998), Formación de ciudad y conformación de ciudadanía. Ponencia presentada al seminario Internacional sobre sistematización de prácticas de animación sociocultural y participación ciudadana. CEAAL/Fundación Universitaria Luís Amigó. Medellín. Agosto.


[1] Entendemos como neoliberalismo la ideología conservadora que basa sus políticas en una racionalidad económica, primando lo privado como bueno delante de lo público que es visto como malo y con una concepción de la persona como capital humano (para ampliar ver Apple, 2002).
[2] El neoconservadurismo añora el pasado e intenta retornar a políticas y prácticas educativas anteriores con la excusa de  una mayor exigencia y nivel académico (ver Apple, 2002).

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