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dimecres, 9 de desembre de 2015

Los planes de estudio del magisterio

Continúa imperando, en muchos planes de estudio, una racionalidad técnica del magisterio, la que ha existido casi siempre en el diseño curricular de los planes de estudio de Magisterio, es decir, la que dice que la formación inicial ha de identificar las competencias genéricas del profesorado (competencias básicas, técnicas, administrativas, de comunicación e interpersonales, o las que toquen en este momento). Desde esta perspectiva, estas competencias, que conducen al conocimiento profesional, se adquieren formando a los futuros profesores en tres grandes bloques que se distribuyen a lo largo de la formación inicial:
•    La ciencia básica, o disciplinas básicas (normalmente  psicosociopedagógicas), sobre las cuales se supone que descansa la práctica. Aquí entrarían todas las disciplinas generalistas pedagógicas, psicológicas y sociológicas.
•    La ciencia más aplicada que comportan las didácticas específicas, y que se pretende que ayudarán a la solución de problemas de la enseñanza. Entrando a veces en contradicción con las disciplinas básicas, o no teniéndolas en cuenta, con lo cual el alumnado cae en una gran confusión conceptual (un ejemplo claro y específico son las diferentes formas que enseñan a programar las tareas del aula, con lo cual se puede acabar programando como dice el libro de texto).
•    Las habilidades prácticas que se relacionan con las prácticas en las escuelas, que se supone que comportará el conocimiento práctico y la aplicación de las disciplinas básicas y aplicadas. Y, a menudo, esas prácticas se realizan como una cuestión rutinaria de conocimiento de las cuestiones laborales de las escuelas (que será lo primero que aprendan cuando se inserten en la práctica laboral real) y no tanto de la práctica reflexiva sobre lo que sucede en ellas, que sería mucho más útil y válido.
Es decir, la racionalidad técnica nos dice que el orden es teoría, tecnología y práctica. Y se supone que con ese recorrido académico y curricular ya se prepara al futuro profesor o profesora. Una verdadera falacia educativa y profesional.
¿Y qué se puede hacer? Hay alternativas, aunque soy consciente que no son fáciles por los impedimentos estructurales, culturales y burocráticos. El sistema curricular se tendría que establecer como una espiral que tiene como ejes los temas disciplinares y una mayor flexibilidad curricular, y los futuros docentes puedan recibir una visión holística y crítica de las materias, ya sean de contenido científico o psicopedagógico, a partir del conocimiento y la reflexión sobre la teoría y la práctica docente.
¿Y cuáles deberían ser esos ejes alrededor de los cuáles deben girar los temas disciplinares? Por ejemplo:
•    Recibir una formación humana integral que fomente las destrezas de pensamiento, el desarrollo de los valores humanos, la ética, la cultura cívica, la moral,  la diversidad, la justicia y la crítica. El profesorado imbuido de moral, ética y  justicia.
•    Una sólida preparación en la estructura sustantiva y sintáctica de las disciplinas que se van a enseñar en la práctica y que proporcione una apertura a la investigación en esos campos del saber cuándo se desarrolle en la práctica educativa. El profesorado conocedor e  indagador.
•    Conocimientos pedagógicos basados en los desarrollos actuales de los campos de conocimiento de las materias educativas. Aprender, analizar experiencias,  preguntar y proponer innovaciones. Asumir una actitud hacia el cambio y la innovación.  El profesorado  innovador.
•    Las competencias relacionadas con el ejercicio de la enseñanza a través  de un “prácticum” bajo la mentorización de un tutor con competencias en la formación  práctica y  la inducción profesional. Establecer un equilibro entre los aspectos teóricos y prácticos. Reflexionar, situar y practicar. El profesorado práctico.
•    Aprender con una metodología que desarrolle la  cooperación (hoy día las redes son imprescindibles), la crítica, el trabajo con la comunidad, el aprender entre iguales, la comunicación de los problemas, el uso de las tecnologías, los proyectos de trabajo, etc. Una metodología que posibilite desarrollar a un práctico reflexivo más que a un profesor normativo. El profesorado reflexivo y crítico.
Por tanto, todo ello nos debería llevar a fomentar la investigación, la reflexión y la crítica, desarrollar los saberes mínimos requeridos para el inicio de la enseñanza, para evitar la angustia de la entrada a la profesión, ese choque con la realidad, aprender cómo desenvolverse en la atención a la diversidad y todo lo que ello implica (justicia educativa), acercar la relación teoría-práctica, sabiendo lo que se hace, y situar la práctica docente como eje nuclear de la formación, entre otras cosas.
Y para ello sería necesario introducir ciertos componentes como establecer una formación donde la escuela sea el lugar privilegiado para aprender a enseñar, fomentar y repensar la relación teoría-práctica, así como el trabajar en red, en proyectos e intercambiar buenas prácticas y experiencias educativas.
Luchemos contra la racionalidad técnica y las políticas neoconservadoras (conscientes e inconscientes) de quienes les repugna el cambio de otros si no coincide con el suyo propio.  Es posible que sea porque les interesa que continúe predominando la formación transmisora, la mala formación transmisora, con una supremacía de una teoría descontextualizada, alejada de los problemas prácticos, basada en un profesorado y una escuela que no existe… Por eso, la  mejora de la formación inicial debe continuar siendo una eterna reivindicación.
Hay que dar a las facultades  más flexibilidad para construir el currículum.

1 comentari:

  1. A menudo me pregunto si a las escuelas de Magisterio se les exige proyecto pedagógico y lo sostienen en equipo con la misma pasión que algunas escuelas de primaria o institutos.

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