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dimarts, 16 de setembre de 2014



Versión castellana publicada a Diari de l'Educació del  15.09.2014
Tenemos que continuar luchando por una educación pública que nos traiga a una verdadera escuela pública
Francisco Imbernón

Ahora que empieza el curso, en que la LOMCE se va introduciendo, creo que es bueno hacer un ejercicio sobre qué es la educación pública. La que la LOMCE quiere derrocar con sus propuestas.
Si analizamos el nacimiento de la educación pública y nos centramos en Europa, encontramos un francés, Condorcet, que en 1792 escribió Informe y proyecto de decreto para la organización general de la instrucción pública.  En Condorcet encontramos los principios iniciales de la educación pública que todavía son muy actuales:
- La laicidad del currículum.
- Educar ciudadanos autónomos.
- Educar a todo y en todas las edades.
- La separación escuela-iglesia-poderes.
- La igualdad en el acceso a la educación de hombres y mujeres.
- El no sectarismo de las minorías.
Y también una educación pública comportaba que no podía ser que la enseñanza estuviera en manos de la Iglesia y que los niños fueran educados no por religiosos, sino por laicos. También que era necesario que el Estado se ocupara de sus ciudadanos creando un Ministerio. Empezaba el que se ha denominado una educación pública y general, o sea, para todos. Y en contra del absolutismo y a favor de las repúblicas (siempre ha existido relación entre educación pública-república y democracia). Y se defenderá el que es público, el que es de todos y para todos, abogando por una educación pública no clasista ni segregadora para promocionar y defender la democracia de los pueblos.
Y estos principios de educación pública se están incumpliendo en la escuela pública que quieren las actuales leyes.  En estos últimos años tenemos políticas educativas neoliberales o, el que se ha venido a denominar, la modernización conservadora, que más bien se imponen, sin aceptar negociaciones y no con la mirada de la educación pública. Y esto puede ir hundiendo, poco a poco, la educación pública y podemos volver a una escuela estatal desprestigiada.
Por eso es comprensible y necesaria la construcción de barreras, de reivindicaciones educativas sobre lo público, puesto que nos jugamos un futuro democrático y participativo de hombres y mujeres libres. En lugar de aceptar las viejas ideas y concepciones del pasado como si fueran actuales, tenemos que luchar para comprender, interpretar y construir, desde nuestro lugar, sea qué sea, una educación pública diferente y que nos traiga a una verdadera escuela pública.
Hay que revisar los viejos referentes y buscar de nuevos que nos permitan continuar reivindicando una escuela verdaderamente pública. Sin estos referentes es imposible apuntalar alternativas y es fácil, ante el desaliento, volver a referentes conocidos (o sea, a la rutina y a la degradación) que es el que quieren ciertas ideologías. Una nueva visión de la educación pública y también recuperar los viejos ideales son necesarios para ir construyendo una verdadera escuela pública que proporcione a los ciudadanos y ciudadanas las capacidades que les permitan comprender e interpretar la realidad, hacer una lectura crítica de los acontecimientos y del entorno comunitario.
La educación pública, mediante la escuela pública, tiene que ser capaz de proporcionar elementos para lograr una mayor independencia de juicio, de deliberación y de diálogo constructivo. Tiene que ser capaz de ayudar a transformar las relaciones de las personas con la sociedad a la busca de procesos de justicia.
Tenemos que continuar reivindicando una educación pública que nos lleve  a una escuela pública para aprender a vivir juntos para la construcción de una verdadera democracia. Ser ciudadano o ciudadana es un proceso que se puede generar a través de la educación y la cultura y, por lo tanto, a ser ciudadano o ciudadana se aprende y puede ser enseñado. El derecho a la ciudadanía representa el derecho a la libertad, a la democracia, a una nueva manera de vivir el sistema social. Y esto hace la educación pública sin adoctrinamiento partidista, sin exclusión pero con pasión.
Y para desarrollar todo esto, el Estado tiene que ser garante del que es público y no únicamente defender los “suyos” principios ideológicos y también tendría que invertir más en la educación pública, puesto que es el futuro de las naciones, de los ciudadanos responsables y de educar todo un pueblo en la participación y el respecto a los otros.
Los que creemos todavía en los principios de la educación pública, tenemos la obligación de continuar trabajando y luchando porque la escuela sea verdaderamente pública. Ella garantiza el derecho de la educación de todos y todas y cubre las necesidades de la población con eficacia y calidad, porque todo el mundo pueda recibir el máximo de oportunidades en todas las facetas de su vida. O sea, una educación pública que traiga a una escuela pública que prepare personas para luchar y defender por una verdadera democracia participativa.

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